Jornada fue convocada por el Doctorado en Biología y Ecología Aplicada, programa consorciado entre las universidades Católica del Norte y de La Serena.

Investigación y emprendimiento, o dicho de otra forma, ¿pueden los científicos ser también emprendedores, y serlo de manera exitosa? Esta fue, con distintas versiones, la pregunta que intentaron responder los expositores del seminario convocado (22) en La Serena por las universidades Católica del Norte y de La Serena, a través del Doctorado en Biología y Ecología Aplicada, programa consorciado entre ambas.

El encuentro, denominado “Más allá del paper”, reunió a estudiantes de postgrado, académicos, empresarios y representantes del sector público, que tuvieron la oportunidad de escuchar los puntos de vista de destacados panelistas del ámbito de la innovación, como por ejemplo Dr. Freddy Boehmwald, Coordinador de Desarrollo de Bioproductos de UC DAVIS – Chile, Natalia Moncada, Subdirectora de Emprendimiento del Centro de Innovación UC; Juana Castañeda, gerente de propiedad intelectual de Fraunhofer Chile Research; José Carlos Remesar, emprendedor, ganador de BRAIN CHILE 2015; e Ignacio Brescia, Director ejecutivo de Santiago LabSpace y Gerente General R2B Catalyst, primer Hub enfocado en apoyar productos científicos.
Junto a la generación de conocimiento, la protección del mismo fue otro tema de la jornada, que fue analizado desde la perspectiva de la Oficina de Transferencia y Licenciamiento (OTL-UCN) y la agencia Clarke Modet Chile.
Asimismo, los asistentes al seminario conocieron dos experiencias locales de innovación por parte de académicos de la UCN: el uso de derivados de algas (huiro) para el transporte e implantación de células madre (Dr. Julio Vásquez) y el desarrollo de la acuiponía para la producción combinada y sustentable de peces y hortalizas (Dr. Germán Merino).
El balance de esta primera versión del seminario “Más allá del paper” es positivo, destacan sus organizadores, principalmente por haber podido servir como articulador entre distintas instancias que, por lo general, no dialogan. Además, la instancia fue propicia para preguntarse  cómo un científico puede lograr un emprendimiento exitoso, y, a partir de esta inquietud, que las universidades y otras instituciones educativas “evalúen qué están haciendo hoy día para formar este tipo de emprendedores, qué pasa con las mallas curriculares, con la actitud de los estudiantes de todos los niveles para poder emprender”, subraya Gloria Hiche (OTL-UCN). En esta misma línea, la profesional señala que es importante determinar el apoyo que puede surgir de las instituciones madre a estos científicos, preguntándose si, necesariamente, los científicos deben dejar de serlo para poder ser emprendedores. “La conclusión es que parece que no es necesario, y que más bien tiene que ver con la escala de emprendimiento”, concluye.
Satisfecho con la convocatoria lograda por el evento, el director del Doctorado en Biología y Ecología Aplicada (BEA), Dr. Julio Vásquez, aclara que esta iniciativa surgió de los propios alumnos del programa, y que éste apunta justamente a acortar las brechas entre la producción científica y la innovación y el desarrollo.  Por ello, junto con valorar los esfuerzos provenientes del ámbito científico, señaló que el Estado juega un rol muy importante en este ámbito, valorando los instrumentos y herramientas que éste ha dispuesto en los últimos 10 años, que permiten, dijo, involucrar a la empresa en el trabajo científico.
Aun así, Vásquez lamentó que en Chile, a diferencia de otros países de la OCDE, prácticamente el 100% de las investigaciones ocurren al interior de las universidades;  en países más desarrollados, agregó, un porcentaje relevante (de la investigación) se hace en las empresas.  El desafío, afirmó, es lograr que las empresas vean la investigación como una inversión y no como un costo.
Opiniones
Juanita Castañeda, gerente de propiedad intelectual, Fraunhofer Chile Research, entidad que desde 2011 desarrolla actividades en nuestro país, en los ámbitos de biotecnología y energía solar. El camino ha sido difícil, afirma, porque en Latinoamérica no existe un cultura de investigación aplicada, hay un poco de temor en invertir en I+D. La universidad, agrega, tiene que estar alineada con las necesidades del sector productivo; y la industria debe apoyar más al investigador y a las universidades.
Francisco Correa, Vicerrector de la UCN, valora la importancia de promover el diálogo y el encuentro entre el desarrollo científico y del conocimiento, y las necesidades sociales y productivas, encuentro necesario, enfatiza, para “poder pasar de una economía de recursos naturales a una que incorpore la inyección de conocimientos”.
Marcelo González, coordinador de Oficina de Transferencia Tecnológica de Corfo, destaca que, como país, hemos avanzado mucho en materia de patentamiento y licenciamiento, señalando que “hace 5 años teníamos del orden de 5 licencias anuales y el 2015 registramos cerca de 60 a nivel nacional”. Ahora, prosigue, el desafío es pasar del impacto local a que Chile exporte tecnología y conocimiento.
Francisco Squeo, académico ULS y subdirector del doctorado BEA, reconoce que los paper “son necesarios, a través de ellos nos evalúan”,  pero además, añade, a través de la vinculación con el medio siempre buscamos mejorar procesos productivos  o la toma de decisiones.
Ismael  Berguecio, abogado, y Gladys Huerta, gerente técnico de patentes, ambos de Clarke y Modet,  empresa que asesora a distintas instituciones, entre ellas universidades, en la protección de propiedad intelectual industrial, destacan que, en estos 17 años de funcionamiento en Chile han podido constatar una positiva evolución en la disposición a patentar por parte de las instituciones que generan ciencia. Hay universidades, indican, que tienen un reglamento de protección  de la propiedad intelectual, una cultura de primero tratar de patentar y luego ir al paper, hay  mayor conocimiento que hace 10 años y más apoyo por parte de las autoridades hacia el incentivo al patentamiento.  De paso, aclararon que la protección permite al investigador controlar su investigación, y a la universidad, recuperar la inversión, “y ese retorno tiene que ser ocupado para seguir investigando, para que crezca la investigación”, afirman.